Treinta mil razones para liberar la Patria

24 marzo, 2011 at 21:22

Un nuevo 24 de marzo se acerca, con lo que se renueva el compromiso por la memoria de los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, que solo puede expresarse en la entrega cotidiana y el esfuerzo incansable por lograr esa patria justa, libre y soberana por la que tantos hombres y mujeres dieron sus vidas en nuestra historia nacional.

Luego de las luchas de la Independencia del S. XIX y tras derrotar militarmente a los proyectos alternativos encarnados en las montoneras federales, la oligarquía terrateniente pasó a controlar los destinos de la Argentina insertándola en la división internacional del trabajo como productor de materias primas, subordinando el país a sus negocios con Inglaterra y más tarde con EE.UU., como una rama complementaria de la industria extranjera.

En 1930, a partir de una crisis económica mundial y una Europa de posguerra, se quebró el modelo agroexportador fundado por la Sociedad Rural en el siglo anterior con un incipiente proceso de sustitución de importaciones. El inicio de un “modelo industrialista distributivo” pudo llevarse adelante mediante una alianza social entre una naciente burguesía nacional y el grueso de la clase obrera, que en el 46 llegó al poder por el voto popular. El Peronismo irrumpe en la escena política, arrebatándole así a la Sociedad Rural Argentina la conducción económica del país y poniéndola al servicio del pueblo trabajador.

La matriz económica asentada en la organización del movimiento obrero, con pleno empleo, producción diversificada, desarrollo industrial y reasignación de una porción de la renta agraria bajo el control estatal es lo que había que quebrar en 1976. La dictadura iniciada el 24 de marzo fue la respuesta por parte de la Oligarquía terrateniente, en representación de los intereses extranjeros, al proceso iniciado el 17 de Octubre de 1945.

Ese fue el objetivo de la dictadura genocida. Lo que no pudieron lograr con tortura, fusilamientos, proscripciones, secuestros, bombardeos y cárceles desde el 55´ al 73´, lo obtuvieron con un plan sistemático de exterminio. Había que eliminar todo tipo de organización popular y en forma específica era necesario atacar al movimiento obrero. Quebrarlo y desarticularlo para poder implementar lo que luego conocimos en la década del 90 como neoliberalismo que fue, ni más ni menos, la privatización en masa de las empresas públicas, el desguace del aparato productivo y la desrregularización de todos los derechos y conquistas adquiridas por el movimiento obrero durante tantos años de lucha.

El discurso de asunción de Néstor Kirchner marca el fin de una época nefasta, donde el Estado dejó de ser cómplice de los artífices del genocidio y resignificó el sentido de la democracia a través de la práctica política. No había vuelta al proyecto nacional sin la búsqueda de justicia para las víctimas de la dictadura y sin plantear la reasignación de una parte de la renta agraria para el desarrollo de la industria nacional. De ahí la importancia en la historia de nuestro país del compañero Néstor Kirchner y de nuestra actual presidenta Cristina Fernández.

Pero aún es mucho lo que queda por hacer. Porque somos concientes que este proceso tiene cómplices y favorecidos, y que aún hoy se benefician de los resabios del neoliberalismo es que necesitamos tener memoria para profundizar este modelo. Las falsas contradicciones de ayer no pueden confundirnos hoy. Debemos estar unidos para construir una fuerza capaz de superar falsas antinomias y crecer en la organización popular capaz de torcerle el brazo a las corporaciones. Fue sobre la base de la eliminación física de los mejores cuadros que tenía el movimiento obrero y la agudización de las contradicciones secundarias hacia en interior del campo nacional y popular, que la oligarquía se pudo imponer con su plan devastador.

La unidad del Movimiento Nacional no depende de la realización de discursos o magníficos actos para la creación de candidatos acordes a los requerimientos del establishment. La unidad solo se realiza en la lucha misma del pueblo que no pasa por la buena voluntad de los dirigentes o consideraciones individuales. La unidad del movimiento obrero y de todo el campo popular se da en la medida en que florece la conciencia transformando la fuerza moral en fuerza material, capaz de instrumentar y conducir la unidad en los destinos de la patria. En tal sentido fue la enseñanza que nos dejó “la 125”.

“somos concientes, y la historia lo demuestra, que cuando el desempleo desciende, la multiplicación de nuevos puestos de trabajo no garantiza la redistribución de la riqueza, porque este paso que toca sensiblemente los intereses de los poderosos, no se da sin un pueblo organizado.”

Declaración de la CNSP, Mar del Plata, 18 de septiembre del 2009