“Prejuzgar es lo que no debemos permitirnos en esta etapa del país”

15 noviembre, 2010 at 19:38

Entrevista con Camilo Juarez y Facundo Moyano – Tiempo Argentino

Uno trabaja en la ESMA, donde la dictadura desapareció al padre. El otro es uno de los líderes de la Juventud Sindical de la Confederación General del Trabajo. En otros tiempos, el encuentro habría sido prácticamente imposible.

Los hijos de dos tradiciones enfrentadas del sindicalismo peronista se encontraron en la ESMA. Facundo habla de su padre, Hugo Moyano, como el “secretario General de la CGT”. Camilo reivindica con orgullo la lucha de su papá: Enrique “Quique” Juárez, uno de los referentes de la Juventud Trabajadora Peronista −la rama sindical de Montoneros− quien fue detenido en 1976 y continúa desaparecido. En otros tiempos, el encuentro sólo podía pensarse en un capítulo especial de Bombita Rodríguez: el hijo de un dirigente peronista clásico y el heredero de uno de los referentes de “la tendencia”. Camilo tiene 42 años y trabaja en el Archivo Nacional de la Memoria que funciona en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Facundo, de 25 años, es dirigente del Sindicato de Trabajadores del Peaje.
El backstage se pone interesante: “¿Tenés una copia de la película de tu viejo?”, pregunta Moyano mientras posan para el fotógrafo. “Ahora te hago una copia. Mirá este libro de fotos de Agustín Tosco”, responde Juárez. Las referencias de una y otra tradición se cruzan. “¿Tu viejo escribió con Paco Urondo en Noticias?”, repregunta Moyano. Los nombres de los protagonistas de la historia reciente escapan de las gargantas que, a simple vista, parecerían confundirse.
La oficina del presidente del Archivo Nacional de la Memoria, Ramón Torres Molina, es un escenario cargado de sentidos. Hasta 2004, en ese edificio del predio de Avenida Libertador caminaban militares vestidos con los mismos uniformes que usaban represores como Jorge “El Tigre” Acosta y Emilio Eduardo Massera durante la dictadura. Hoy, la ESMA está poblada de militantes de Derechos Humanos con sus barbas, remeras y zapatillas. Mientras, los visitantes caminan por las callecitas con nombres castrenses: la cartelería recuerda los años del horror.

–¿Cómo se conocieron?
CJ: –Acá en la ESMA, en el marco de una visita de la Juventud Sindical de la CGT que estaba haciendo un curso de formación para militantes. La idea surgió a través de un compañero de FOETRA –el sindicato de los telefónicos– que participa en la mesa de apoyo a los juicios que integran UTE, HIJOS y varias organizaciones barriales. Es una mesa que iniciamos por la necesidad de difundir los juicios a los genocidas. En ese espacio surgió la propuesta de venir a visitar la ESMA.
FM: –La primera etapa del curso fue la historia del movimiento obrero. Entonces, llegamos a la dictadura militar y nos pareció fundamental que los compañeros de la Juventud Sindical conozcan la ESMA y sepan que por este centro clandestino de detención pasaron 5000 compañeros que peleaban. Lo fundamental era que se sepa por qué pasó todo esto.
–¿Es una venganza de la historia?
CJ: –Eso se verá. Me pareció fundamental ver la columna de la Juventud Sindical en la marcha del 24 de marzo. Fue un momento de importancia ver que la juventud de la CGT reivindicaba a los trabajadores desaparecidos. Los trabajadores fueron el principal sector golpeado por la dictadura militar que vino a imponer un proyecto de dominación neoliberal, que iba en contra de los intereses de la clase trabajadora.
–¿Qué cambió para que sea posible ese encuentro?
CJ: –Que haya una juventud trabajadora, quiere decir que hay trabajo. Creo que en los ’90 no había una juventud sindical.
FM: –Sí, existía. Era un poquito más conservadora.
CJ: –Yo los empecé a ver en las marchas de apoyo a la Resolución 125 y fundamentalmente ese 24 de marzo reconocí que había un cambio. Vi a la juventud trabajadora haciéndose cargo de su historia, haciéndose cargo de dirigentes como mi viejo que era de la Juventud Trabajadora Peronista y delegado de Luz y Fuerza. Él estuvo en los conflictos de los ’70 en los que algunos sectores del sindicalismo no apoyaban. Me parece fundamental que esta juventud esté acá haciendo política y memoria.
FM: –Hay que partir de no tener un prejuicio por una historia que no vivimos. Por ahí, Camilo está más cercano por lo que significó perder al viejo. Pero ni yo lo puedo juzgar a él, ni él me puede juzgar a mí. Son cuestiones en la historia que se dieron de esta manera y nosotros como trabajadores, como bien dijo Camilo, no podemos darles la espalda. Casi el 70% de los desaparecidos eran laburantes. Estar cercano a los Derechos Humanos es una obligación, no solamente para los trabajadores, sino para todos los argentinos. El hecho de que se pueda dar esta relación con Camilo habla de una madurez de los jóvenes, de entender que la historia está para recordarla, para no cometer los mismos errores. Hay que rescatar lo bueno, pero fundamentalmente nos sirve para saber por qué estamos donde estamos y para saber hacia dónde vamos, más allá de los espacios a los que pertenecemos cada uno.
–¿Cómo se pensaban mutuamente antes del encuentro?
CJ: –Cuando terminamos la visita nos reunimos en una sala con los compañeros y cerramos con unas palabras de Facundo, que expresó más o menos lo mismo que había dicho yo antes. No había una diferencia política entre lo que decía él, cómo analiza la historia, y cómo lo hacía yo. Prejuzgar es lo que no debemos permitirnos en esta etapa. Decir que los sindicalistas son feos, sucios y malos beneficia a ciertos sectores, no a la sociedad.
FM: –Y es lo que intenta resaltar el enemigo. Cuando lanzamos nuestra Juventud Sindical en el Luna Park, nosotros preguntamos “¿qué intenta hacer el enemigo?” Los medios de comunicación transmiten lo que piensa el enemigo y tratan de traer al hoy falsas contradicciones de ayer para que tengamos ciertos prejuicios. Cuando vine a la ESMA, no pensaba qué iban a pensar. Yo vine convencido a qué venía, a mostrarle a mis compañeros algo que no podemos no mirar y no recordar a los 30 mil desaparecidos como héroes individuales. El mejor homenaje que le podemos hacer a los que vivieron esto es luchar por sus ideales. Lo fundamental es que levantemos el por qué de ese proceso que nos quiso hacer mierda, como lo quieren hacer ahora. No podemos volver a esas falsas contradicciones. Hay que mirar hacia delante, sabiendo que esos compañeros luchaban por los mismos ideales que tenemos hoy nosotros. Nosotros estamos firmes en nuestras convicciones. No vinimos a la ESMA para tribunear.
–¿Hace ruido en algún sector del sindicalismo tu posición?
FM: –Sí, por prejuicio. Molesta, pero es prejuicio. Pero a los pibes les llega.
CJ: –Los ’70 es un debate pendiente en toda la sociedad, no en un sector. Yo reivindico a mi viejo como un militante popular que en determinado momento pasó a Montoneros, él venía de militar en la Juventud Peronista, y se tuvo que armar para militar un proyecto y dejó la vida. A mí me parece digno desde lo individual, pero también desde lo colectivo. Tenía ideales y unos huevos bárbaros.
–¿Conocían las historias de los padres del otro?
FM: –Sabía que Enrique Juárez era un delegado de Luz y Fuerza, que desapareció el 10 de diciembre, que era cineasta. No lo conocía muy a fondo.
CJ: –Mi viejo hacía cine, una de sus películas sobre el Cordobazo fue realizada y proyectada clandestinamente durante la dictadura de Agustín Lanusse. Tengo una carta de Agustín Tosco que le agradece la proyección clandestina. La película se hizo con pedacitos de rollos de informativos y de publicidades. Era un apasionado del cine además de ser un militante peronista, era un cinéfilo. Hizo también los cortos peronistas de la campaña de Héctor Cámpora que se proyectaban en las unidades básicas.
–¿Conocías la historia del padre de Facundo? (Risas)
CJ: –Y… Es un personaje público. Cuando se alinea dentro del apoyo al gobierno de Néstor, me pareció que era muy digno y me quedé esperando a ver cómo evolucionaba. Y en el momento de estar, estuvo al pie del cañón. Otros sectores del sindicalismo son más veletas y participaron durante los ’90 del reviente del Estado. Mi primer acercamiento a la CGT fue con Saúl Ubaldini en plena hiperinflación. Él nos convocó a los jóvenes y en aquel momento nos decían “¡Eh! ¿Como se juntan con la CGT?” Precisamente por estar separados nos pasó lo que nos pasó.
FM: –A mi viejo se lo intenta relacionar con la Juventud Sindical Peronista de los ’70. Él estaba en Mar del Plata, fue delegado a los 18 años. Él siempre me lo dice: “Yo nunca le di cinco de pelota a la Juventud Sindical”. Y hoy lo quieren relacionar con las organizaciones embrionarias de la Triple A. Es una mentira.
–¿Cómo definen al peronismo? ¿Hay acuerdo?
CJ: –Es muy difícil definir el peronismo desde lo teórico.
FM: –Es más fácil definirlo desde lo teórico que desde lo práctico. Hay una doctrina. El peronismo como movimiento nacional y popular se pudo expresar de la mejor manera entre el ’55 y el ’75.
CJ: –La felicidad del pueblo.
FM: –Después hubo un montón de cuestiones, con un conductor en el exilio a quien le bombardearon la Casa Rosada. Algo inédito.
–En 1973, le bombardearon el Palacio de la Moneda a Salvador Allende.
FM: –Sí, claro. Entonces es inevitable que el movimiento sufra modificaciones porque se lo intentó romper por todos lados. Por eso la resistencia cumplió un papel fundamental permitiendo que no se apague esa llama. Después, el Movimiento se quebró, lo quebraron, y terminó en algo que nos terminó perjudicando a todos. El peronismo en lo teórico es la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Es lo que fue entre el ’45 y el ’55. Después no se pudo expresar.
CJ: –La primera y la segunda presidencia de Perón, con Evita al lado, fue el momento culminante de lo que fue la felicidad del pueblo. Pasaron montones de años y lo más parecido son los gobiernos de Néstor y Cristina.
–¿Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández son los más peronistas desde Perón?
CJ: –Sí. Es el primer gobierno que empezó a recomponer el Estado benefactor contra el Estado neoliberal. En sus medidas, no en su discurso. En los hechos.
–¿Se está cerrando un capítulo de la historia?
CJ: –Yo lo veo a todo como parte del mismo capítulo. Cuando apareció este hombre, veníamos muy desencantados y nos devolvió la esperanza. Hay un cambio fundamental que es que la inquietud política está presente en los jóvenes cosa que en los ’90 no pasaba. Hay que canalizar eso que pasó la semana pasada en la Plaza de Mayo.
FM: –La discusión está presente en toda la sociedad. Eso es lo más importante que hizo Néstor Kirchner. Comparto que esto es lo más cercano al peronismo. Es lo más cercano, pero está muy lejos. No se pudo completar un proceso histórico.
CJ: –El primer discurso de Néstor a mí me emocionó, sin darle demasiado crédito. Nombró a los desaparecidos en su primer discurso. Y dije “¡opa!”

Publicado el 14 de Noviembre de 2010
Por Claudio Mardones y Hernán Cocchi – Tiempo Argentino