Movimiento de Trabajadores Argentinos: la Resistencia al Neoliberalismo

1 febrero, 2012 at 21:19

Hoy se cumplen 18 años de la fundación del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), una corriente interna de la CGT que se constituyó para enfrentar la entrega del patrimonio nacional por parte del menemismo y la pérdida de puestos de trabajo y derechos laborales. Encabezado por Hugo Moyano, Juan Manuel “el Bocha” Palacios y Saúl Ubaldini, el MTA fue la máxima expresión de resistencia a la dictadura financiera del menemismo, cuando varios habían claudicado, se habían quebrado y subordinado al poder hegemónico. Mientras muchos callaban este grupo de dirigentes se enfrentó por completo al menemismo y alzó su voz en defensa del conjunto. Los monopolios de la comunicación han procurado que los argentinos nos tengamos memoria, que olvidemos las luchas que nos precedieron, la valentía de esos hombres que con dignidad y coherencia no traicionaron a los trabajadores y fueron consecuentes con la doctrina peronista.

Luego de asumir como presidente, Menem intentó de varias formas alejar a Ubaldini de la conducción de la CGT y tras varios fracasos buscó fracturarla. El 10 de octubre de 1989 se lleva adelante en el Teatro San Martín el Congreso de la CGT para elegir autoridades. De un lado estaban los dirigentes gremiales que durante la campaña presidencial habían conformado el Movimiento Sindical Menem Presidente (MSMP), es decir, Luis Barrionuevo (gastronómicos), Delfor Giménez (textiles), Carlos West Ocampo (sanidad), Jorge Triaca (plástico), Gerardo Martínez (UOCRA), Juan José Zanola (bancarios), a los que se sumaban los ex renovadores José Pedraza (Unión Ferroviaria), Roberto Digón (tabaco) y Güerino Andreoni (comercio). Muchos de ellos serían luego funcionarios durante el gobierno de Menem: Triaca (Ministro de Trabajo), Barrionuevo (interventor del INOS), Digón (Subsecretaría de Trabajo y Seguridad Social) y Martínez (jefe de Gabinete del Ministerio de Trabajo). En oposición estaban los empleados estatales (ATE), Camioneros, la UTA, la CTERA, Judiciales, trabajadores telefónicos, el SUPE, Obras Sanitarias, papeleros, molineros y farmacéuticos. Y Ubaldini tenía además el apoyo de la UOM (Lorenzo Miguel). En tanto que SMATA, UPCN, Luz y Fuerza apoyaban al grupo menemista. Sin poder acordar una lista de unidad, la elección se desarrolla y el sector de Ubaldini se retiró del Congreso denunciando irregularidades. A pesar de las denuncias el Congreso designó al frente de la CGT a Andreoni. Ubaldini no reconoció el resultado y anunció que no renunciaría y que cumpliría su mandato hasta el 7 de noviembre de 1990. Esto originó que se conforme la CGT Azopardo (Ubaldini) y la CGT San Martín (Barrionuevo), la cual sería reconocida por el gobierno. El 21 de marzo de 1990 la CGT Azopardo realizó el primero paro general con movilización a Plaza de Mayo. De todas formas el menemismo avanzaba en la aplicación políticas neoliberales y había encontrado en la CGT San Martín a dirigentes dispuestos a inmovilizar a los trabajadores para que el Consenso de Washington y los dictados del FMI no tuvieran oposición. El ministro de Economía, Domingo Cavallo, cumplía con las recomendaciones de Estados Unidos y nuestro país era subordinado por completo a la política del gran capital transnacionalizado.

El enfrentamiento con la política menemista se cristalizó en las elecciones a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1991, en las que Ubaldini se presentó como candidato a gobernador llevando en la lista a Hugo Moyano y Héctor Recalde como candidatos de diputados nacionales. El líder sindical fue derrotado en las urnas por Eduardo Duhalde. Luego vendría el Plan de Convetibilidad, la privatización de Somisa donde quedaron 6244 trabajadores en la calle, la privatización del sistema previsional, la privatización de la seguridad laboral, la rebaja de los aportes patronales y la ley de Reforma del Estado, entre otras. Frente a la complicidad de la conducción de la CGT surge, el 5 de marzo del 93, la UGTT (Unión General de Trabajadores del Transporte) bajo el liderazgo de Palacios y Moyano. El 24 de enero del 94 aparece una solicitada en los diarios nacionales con el título “La dignidad no se negocia” y firmada por la Confederación de Sindicatos de Trabajadores de Medios de la Comunicación Social (COSITMECOS) liderada por Néstor Cantariño. Se trataba de una declaración contra el gobierno y la conducción de la CGT oficialista, cómplice de las políticas neoliberales del menemismo. Dos días después, un comunicado de prensa de la UGTT firmado por Juan Manuel Palacios, Hugo Moyano y Ernesto Jaime, expresa: “…la UGTT se separa de la CGT por la reivindicación de los derechos del trabajador”. Estos fueron los primeros pasos para conformar una organización alternativa e independiente del poder político. Así, Palacios y Moyano comenzaron a conversar con todos los gremios que no acompañaban al Gobierno. De esta forma el MTA se integró con los gremios: UTA, Camioneros, Dragado y Balizamiento, Judiciales, trabajadores de algunos gremios de Aerolíneas Argentinas, la Asociación de Agentes de Propaganda Médica, FATIDA, SADOP, SATSAID, FATPREN, FOEIPCQ, UOMA, AEFIP y SUP.

El acto de presentación se realizó en el Salón Eva Perón en la sede de la UTA. En el documento fundacional se convocaba a “intensificar la defensa de los intereses de los trabajadores” que se haría sobre la base de la Justicia Social. La propuesta era reconstruir con unidad la organización que refleje la fe y la esperanza para todos los trabajadores con la lealtad y la honestidad de sus dirigentes, identificados con la lucha de la clase trabajadora. La impronta que tendría el MTA sería la movilización y la articulación con otros sectores de la sociedad comprometidos con la defensa de los intereses nacionales. Se proponía, en fin, luchar sin vacilaciones contra el modelo económico instalado en nuestro país luego del fallecimiento del general Perón.

Con espíritu movimientista, el MTA se conformó con una estructura flexible, democrática, una conducción colectiva, órganos representativos y mucha participación y debate. Tuvo un alcance nacional y federal. Esto permitió un desempeño muy dinámico y demostró una gran capacidad de convocatoria en las movilizaciones. A los pocos días de haberse fundado, con Moyano, Palacios, Mujica y Ubaldini a la cabeza, el MTA apoyó la movilización de los trabajadores tabacaleros en Salta. Luego viajaron a Tierra del Fuego donde también fueron bien recibidos, y posteriormente llegó el turno de Corrientes donde se reunieron con dirigentes gremiales de Formosa, Misiones y Chaco. La expectativa que generaba este grupo de dirigentes en cada una de las provincias que visitaban era muy grande. Luego de mucho tiempo, compañeros de todos los rincones del país se sentían contenidos en un proyecto de escala nacional, con valores e ideales inquebrantables. También viajaron a Córdoba, justamente cuando en Buenos Aires la CGT estaba negociando la flexibilización laboral. Entonces, el MTA afirmó que Menem no era peronista y que se había ido del peronismo cuando decidió no cumplir con lo que le había prometido al pueblo. En cada viaje al interior del país los dirigentes gremiales veían el panorama aterrador que había comenzado con la dictadura cívico-militar, continuado con el alfonsinismo y ahora profundizado con el menemismo: privatizaciones, apertura económica, desregulación, desmantelamiento de los ferrocarriles, abandono de las economías regionales, desempleo, subocupación, pobreza y marginalidad.

El MTA acompañó a los jubilados en sus reclamos cuando todos les daban la espalda, proponía alternativas al modelo económico y repudió la represión de trabajadores en Jujuy. Fue, en fin, la principal oposición al gobierno cuando muchos callaban. Asimismo, junto al MTA, también luchaba la CTA, otra fracción que se había desprendido de la CGT, pero que en este caso habían decidido crear otra central paralela. Liderada por Germán Abdala y Victor De Gennaro, la CTA y el MTA coordinaron acciones conjunto.

Desde marzo del 94 al frente de la CGT ya se encontraba Antonio Cassia (petroleros). La crítica situación en la que se encontraba el país impulsó protestas populares en varias provincias. El MTA impulsó la histórica Marcha Federal, que junto a la CTA, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), organizaciones de jubilados y organizaciones políticas y sociales de todo el país, se movilizó durante diez días (3 al 12 de junio). 80 mil personas divididas en cuatro columnas (una partió de la Patagonia, otra del Litoral, otra del Noroeste y otra de Cuyo) convergieron en la Plaza de Mayo para el acto central. Ese día hablaron Víctor De Gennaro (CTA), Carlos “el Perro” Santillán (Nordeste), Guillermo Montero (Cuyo), Daniel Gómez (Patagonia), Daniel Nieto (FUA), Humberto Volando (empresarios) y el encargado de cerrar fue el compañero Hugo Moyano. Allí se expresó el mayor repudio a las políticas neoliberales del menemismo y se convocó a un paro general para el 2 de agosto.

Moyano fue amenazado de muerte y lejos de replegarse el actual secretario general de la CGT redobló su compromiso. A los pocos días fueron asaltadas la sede del SADOP, la sede del Sindicato de Músicos, la sede de la Unión Obrera Molinera Argentina donde además fue agredido el secretario general del gremio Carlos Barbeito, la sede de la Federación de los Trabajadores Cerveceros. En poco más de un año fueron 17 los atentados que sufrieron los dirigentes del MTA.

A fines del 94 se realizó en Córdoba el Congreso de Huerta Grande, con una gran participación y profundidad en el debate. El resultado fue la histórica “Declaración de Huerta Grande”, donde se realizó un diagnóstico de la acuciante realidad que sufría el país y se postulaba la transformación total de la estructura económica. Los puntos centrales era: 1) romper con la dependencia financiera de capitales especulativos y limitar a la apertura exportadora; 2) rearticular la producción agropecuaria en base a desarrollos regionales; 3) elevar la oferta de puestos de trabajo y la producción de cada puesto. Distribuir equitativamente producción y productividad; 4) acelerado desarrollo del sector exportador; 5) restablecer un sistema de relaciones laborales y de legislación social basado en el sistema protectorio del derecho del trabajo; 6) recuperación de un sistema provisional pensado en los trabajadores activos y jubilados y no en un mercado de capitales; 7) resguardo y saneamiento del sistema de Obras Sociales como pilar de un plan nacional de Salud; 8)defensa de la Educación pública, gratuita y pluralista, con rol protagónico del movimiento de los trabajadores; 9) recuperación del rol promotor y regulador del Estado como armonizador de las relaciones y en resguardo de los intereses de los ciudadanos, convocando a todas las fuerzas sociales a su participación efectiva en el logro de esta estrategia de producción para alcanzar una verdadera estabilidad con crecimiento y justicia social.

De todas formas, la lucha no alcanzó, y el gobierno obtuvo el 22 de diciembre media sanción de Diputados en la nueva ley laboral. En consecuencia el MTA se declaró en Estado de Alerta y Movilización. Asimismo, Menem logró la Reforma Constitucional y fue reelecto por un período más. Las huelgas generales convocadas por el MTA se sucedían y pese a ello, por recomendación del Banco Mundial, en 1996, el gobierno impulsó la flexibilización laboral, con el objetivo de enterrar los derechos consagrados por los gobiernos del general Perón y destruir la estructura sindical. El 18 de noviembre la CGT amenazó con una huelga general por tiempo indeterminado y el Gobierno tuvo que detener los cambios en la legislación laboral y negociar con una parte de los dirigentes sindicales. En 1997 la represión policial asesinó a la compañera Teresa Rodríguez, en Neuquén, lo que provocó movilizaciones. Unos meses después, en julio, el MTA junto a la CTA, la CCC y la FUA convocó a la Marcha Nacional por el Trabajo, que se desarrolló desde La Quiaca hasta Buenos Aires.

Fueron muchas las huelgas y movilizaciones organizadas por el MTA con el apoyo de vastos sectores de la sociedad en esos trágicos años. A pesar de la resistencia, el neoliberalismo continuó y la Argentina cada vez se fue sumiendo más en la pobreza. Hoy al frente de la CGT se encuentra el compañero Hugo Moyano, lo cual demuestra que la lucha no fue en vano. Desde el 2003 los trabajadores, primero con el compañero Néstor Kirchner y luego con nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, hemos recuperado parte de la dignidad y con una CGT a la altura de las circunstancias hemos recuperado parte de nuestros derechos. Nada de esto fue sin lucha, porque más allá de tener un gobierno nacional y popular, sin la movilización de los trabajadores y la responsabilidad con que hemos actuado, no se hubiera reconquistado. Por eso llama la atención que muchos hoy critiquen a la CGT, nos señalen de corporativos y extorsionadores. Que provenga de la vereda de enfrente no asusta, sí que algunos compañeros confundan a dónde apuntar sus cañones. Porque cuando nadie alzaba la vista, los compañeros que hoy conducen la CGT pusieron el cuerpo en defensa del conjunto de los argentinos con una mirada integral. La llama del MTA continuará siempre encendida porque los trabajadores nunca vamos a abandonar la lucha, porque como decía el general Perón: “Renunciar a la lucha es renunciar a la vida, porque la vida es lucha precisamente”.