Hasta siempre compañero…

7 agosto, 2011 at 22:26

Claudio Díaz fue un ejemplo de lo que es ser periodista y al mismo tiempo de lo que es ser peronista. Su honestidad, en tiempos donde se debate lo que significa el “periodismo militante”, es un ejemplo que despeja cualquier duda respecto de lo que esto puede significar. Cualquier periodista “opina”, cuando hace un recorte de la realidad. Pero no cualquier periodista puede ser tan claro como era Claudio a la hora de aclarar desde que lugar se habla.

Claudio nos enseñó a dudar de aquellos “periodistas” que se dicen “objetivos”, y que sólo intentan esconder sus intereses económicos, a veces propios, a veces de los dueños de los medios en los cuales trabajan.

Desde sus inicios en la histórica revista Jotapé supo atacar con la inteligencia de las palabras simples, los intereses que se escondían detrás de los enemigos del pueblo. Fue reconocido no sólo a nivel nacional, con premios como el Martin Fierro, sino que también fue premiado en 1989 con el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí, que le entregó en persona Fidel Castro, en La Habana, por su trabajo de investigación sobre la relación de las sectas en Latinoamérica y el Partido Republicano de los EE.UU. Eso es prueba más que suficiente de su capacidad como profesional. Muchos que alguna vez lo criticaron y con menos reconocimientos, trabajan instalado mentiras disfrazadas de análisis.

Claudio jamás escondió su identidad política. Siempre adhirió al peronismo, sin que esto le haya hecho ahorrar críticas a todos los dirigentes que llevaron a cabo en los años ’90 una política contraria a las históricas tres banderas del movimiento justicialista. En sus escritos le gustaba desnudar esa capacidad de ciertos intelectuales que suelen medir con distinta vara a todo aquello que tenga olor a “cabecita negra”, a diferencia de lo que huele a “progresismo” políticamente correcto.

Claudio era incorregible. Su honestidad intelectual lo llevó a renunciar al diario Clarín cuando en pleno conflicto por la Resolución 125, después de publicar sus críticas a las columnas de opinión de Eduardo Van der Kooy y Julio Blanck, desnudando los negocios cruzados del Grupo Clarín con el capital financiero transnacional, comenzó a recibir presiones dentro del matutino, para que se retracte de sus dichos. A los pocos días, su casa fue asaltada en su ausencia y su madre golpeada, sin que los extraños se llevaran nada, luego de revolver su casa. Eran momentos en donde aún casi no se hablaba de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Claudio denunciaba el modus operandi del multimedio como un quijote solitario, cuya única arma era la verdad. Con la humildad y calidez humana que lo caracterizaba llegó a la Confederación General del Trabajo un día que se realizaba una muestra sobre la complicidad entre algunos medios y la última dictadura cívico-militar. Cuando Hugo Moyano escuchó que se encontraba en el salón, no dudo en hacerlo subir al estrado y brindarle su apoyó. Así fue que también comenzó a colaborar con la Juventud Sindical. Primero participando activamente en los cursos de formación que daba el SUTPA en el Salón Felipe Vallese de la CGT y luego dando una mano en todo lo que estaba a su alcance. Siempre con la humildad, de los hombres que saben.

Publicó también “El Manual del Antiperonismo Ilustrado”, “Diario de Guerra. Clarín, el gran engaño argentino” y “El Movimiento Obrero Argentino. Historia de Lucha de los Trabajadores y de la CGT”.

La Juventud Sindical, que pudo escucharlo y aprender de sus palabras, siempre lo va a recordar como un militante que nos acompañó. Hombres como él no se van nunca, sino que se quedan en el compromiso que supo trasmitirnos y sembrar en todos nosotros.

Claudio, entrañable compañero, esta Juventud Sindical va a llevar tu recuerdo como una consiga y te promete seguir trabajando para arribar a esa Patria que supieron legarnos Perón y Evita.

Gracias Claudio. Hasta siempre compañero…