El día que a Perón le dio el cuero

17 noviembre, 2011 at 14:13

El general Perón se encontraba en el exilio desde el 16 se septiembre de 1955, cuando a través de un golpe de Estado, se ponía en suspenso la democracia en nuestro país. Gobiernos militares se sucedieron con pseudo gobiernos democráticos, que no eran fruto del consenso, sino de la proscripción del peronismo y de su líder.

La Resistencia Peronista se transforma en estos años en una verdadera lucha del pueblo argentino en recuperar su libertad. La democracia y los derechos más elementales se ven puestos en cuestión con cualquiera de los procesos que se dan en el país mientras que se le impide al pueblo el regreso de Perón. En el ’55 Lonardi asume con un discurso tenue que intenta mantener las conquistas desconociendo la figura del líder y el reconocimiento del pueblo con él. “Ni vencedores, Ni vencidos”, dice, y no dura dos meses. Más radicalizado, asume Aramburú con la clara consigna de hacer desaparecer al peronismo de nuestra historia. En 1956 el Estado lleva adelante los fusilamientos de José León Suárez con la complicidad de casi todo el arco político a través de la junta consultiva.

Radicales, Socialistas, Conservadores y Demócratas Cristianos aprueban los fusilamientos. Entre ellos no sólo se encontraban Zavala Ortiz, sino también nombres como Alicia Moreau de Justo, Nicolás Repetto o Américo Ghioldi que frente a la pregunta sobre los fusilamientos responde: “se acabo la leche de la clemencia”, mientras Rodolfo Walsh iniciaba la investigación de su libro “Operación Masacre”, denunciando los fusilamientos.

Es extraño en ese sentido los “homenajes” que se le suelen brindar desde los grandes medios de comunicación a personajes como Arturo Frondizi o Arturo Illia, reivindicando su carácter democrático. El primero llegó a anular un resultado electoral para la gobernación de la provincia de Buenos Aires, simplemente porque el gobernador electo había sido un reconocido dirigente gremial del peronismo llamado Andrés Framini. El segundo impidió el regreso del general Perón al país, después de hacer campaña prometiendo la legalización de la mayoría del pueblo argentino que era peronista. El primero tenía en su Gabinete nada menos que a Álvaro Alsogaray, representante fiel de la oligarquía. El segundo tenía como canciller a Zavala Ortiz, único civil que formó parte de las tripulaciones que habían bombardeado a la población civil en la Plaza de Mayo en 1955. Entre ambos gobiernos desaparece el delegado metalúrgico y fundador de la Juventud Peronista, Felipe Vallese. Siempre el peronismo se sostiene en la resistencia con una consigna clara y sencilla: “Perón Vuelve”. Las estrategias del imperialismo son más evidentes durante los golpes militares, pero no por ello menos efectivas durante los gobiernos que se pretenden democráticos. Nadie en el poder quiere al peronismo. Nadie quiere la vuelta de Perón al país. La prueba está en que tanto la ida de Frondizi, como la de Illia no provocan nada en la sociedad. Ninguno de los dos pone en peligro al régimen que se empecina en perseguir sindicalistas y en acabar con las conquistas sociales logradas por Perón, Evita y los trabajadores.

En ese marco el golpe militar de Onganía vuelve a insistir con la desaparición del peronismo. Onganía declara abiertamente su pretensión de gobernar por varias décadas. “Solución biológica” llegan a decir algunos gorilas, suponiendo que antes de que se termine el gobierno de facto de Onganía, lo alcanzaría la muerte al general Perón. Su sueño de estadista dura muy poco. En el medio asume Levingston por unos días y finalmente Lanusse. Este último sueña incluso con reemplazar a Perón. En esa fiebre de poder llega a decir que Perón no volvía al país porque “no le daba el cuero”. Las paredes y las calles se llenaron de una consigna que decía “Lanusse marmota, Perón va a venir cuando le canten las pelotas”.

Si hay un día que puede ser símbolo de la democracia en nuestro país, ese es sin duda el 17 de octubre de 1945, cuando el pueblo argentino y trabajador liberó a su líder de las manos de la oligarquía. Pero si esa madurez política la queremos hacer carne en un proceso, ese es sin duda el de la Resistencia Peronista que trajo de vuelta al líder a nuestro país bajo una sola consigna: PERON VUELVE. Desde ese día y en adelante, el 17 de noviembre de 1972 será recordado como el Día de la Militancia. Esa histórica foto en la que el General avanza rodeado de Cámpora, Abal Medina y el paraguas sostenido por Rucci, no es más que el símbolo de un pueblo que cuida de su padre, porque sabe que él será siempre quien mejor velará por sus intereses. Después de la muerte del General, ese Perón Vuelve se transforma nuevamente en una consigna de un pueblo en resistencia. El peronismo el 24 marzo del ‘76 recibe su más duro golpe. A la desaparición física de miles de compañeros, se le suma el terror como metodología, que intenta el vaciamiento ideológico de la doctrina justicialista. En la historia de lucha de nuestro pueblo los jóvenes trabajadores reconocemos la importancia de la lucha de los organismos de DD.HH y del MTA que mantuvieron viva la llama de la rebeldía emancipadora que supo interpretar el general Perón. La Juventud Sindical retoma como consigna el Perón Vuelve, porque sabemos que la lucha es una constante en nuestro pueblo, que sólo se terminará cuando en nuestra patria vuelva a reinar en forma definitiva la Justicia Social.