“Análisis de coyuntura en el año electoral”

8 marzo, 2011 at 19:35

A diferencia de otros años electorales, 2011 se presenta con una formación política aglutinante (FPV) y el liderazgo de la compañera Cristina Kirchner instalado en la sociedad, tal como lo corroboran encuestas realizadas al respecto

Más allá de las estadísticas, se percibe en vastos sectores populares y de clase media el consenso en torno al modelo económico iniciado en el 2003. Un modelo que (con luces y sombras) se sustenta en la actividad productiva y en una progresiva distribución de la riqueza. Un modelo que impactó favorablemente en el nivel de empleo y salario, en las jubilaciones y la inclusión social. Que, junto a algunas medidas de reparación histórica decididas por el recordado compañero Néstor Kirchner, permitieron un cambio del humor social y abrigar esperanzas de progresar en mayores grados de justicia social.

Crecimiento a tasas “Chinas” pero con mejor PBI per cápita. Un modelo de reconstrucción no sólo de la economía, sino del tejido social destruido por las políticas neoliberales.

Estos datos de la realidad desarticulan a las fuerzas opositoras que han tensado hacia la derecha y la izquierda sus posiciones políticas. Sin demasiado contenido ni congruencia política, por lo que los sectores populares adivinan una intención restauradora de prácticas que empujaron a la Nación al abismo.

Como la reivindicación, que como receta para nuestra realidad, cada tanto se hace del “Pacto de la Moncloa”: un cóctel inventado en la España pos-franquista, que trocaba la democracia por gobernabilidad y el objetivo de integración socio-económica de los Pueblos por la reforma económica y estructural neoliberal exigida para que el país fuera aceptado en la misma Unión Europea que hoy sufre como consecuencia de su fracaso la realidad de una imparable fragmentación.

Ese fue el ejemplo deseado por muchos dirigentes políticos y sindicales durante las décadas del ´80 y ´90. Intentado durante el año 2002 y luego reivindicado ante la primera confrontación seria con dos de los núcleos de poder más importantes de nuestra sociedad: el de los beneficiados por la renta agraria y el de los grandes multimedios. Que vuelve a ser mencionado cada vez que se plantea la necesidad de un pacto social, pretendiendo instrumentar solo un acuerdo de precios y salarios, para limitar la mejor redistribución de la riqueza, necesaria para consolidar el actual modelo económico.

Los trabajadores argentinos hemos dicho que no, una y otra vez ante esa tergiversación de un pacto social, que debe garantizar mucho más que un acuerdo sobre precios y salarios. Que debe acordar metas claras de crecimiento, de inversión, de pleno empleo, de inclusión de los excluidos. Que debe contener las garantías necesarias para su cumplimiento, un seguimiento público e institucionalizado de la estructura de costos y comercialización de los bienes y servicios que demandan los sectores productivos y las familias. Que debe fijar plazos para las reformas financiera y tributaria necesarias para consolidar el modelo de crecimiento con justicia social.

Muy lejos de esos objetivos se encuentra el cabildeo entre el “peronismo federal” y el PRO, por referirnos a dos fuerzas que bien podrían ser otras del difuminado espacio opositor que no logra expresar un discurso creíble y capaz de conmover a los argentinos. Sean de la extracción social que sean. Ni el pan radicalismo, la Coalición Cívica, Proyecto Sur, el Socialismo santafesino y el Gen.

¿Acaso los argentinos estamos dormidos?

Para nada, nos asiste la cautela y la memoria suficientes para tener presentes el papel de Duhalde y Alfonsín junto a Menem, el de Macri al frente del gobierno de la ciudad.

Las incongruencias de los muchos candidatos “presidenciables” de esas fuerzas no encajan con los cambios y transformaciones operados en el país desde 2003. Los agoreros de cataclismos y pilotos de tormentas, lejos de acertar en los diagnósticos y pronósticos lo único que lograron frente a la opinión pública del país, es sumergirse en el ridículo. En esas cuentas enredadas y contradictorias, no les dan los números.

Durante muchos meses los argentinos fuimos acosados por enrarecidas situaciones de naturaleza económica. Falta de combustibles por unos pocos días; la disparada de ciertos precios; el lomo a cien pesos en Recoleta y a treinta en Claypole; anuncios irresponsables de opositores acerca de la necesidad de importar trigo y carne para el consumo; la carencia de billetes, etc., etc. Pero la realidad es que en materia de precios se constata que el poder adquisitivo de un trabajador argentino, con un salario mínimo comparado, es dos y tres veces superior al del los países de la región como Chile, Brasil y Uruguay. Si la comparación se establece en servicios de energía eléctrica, agua o transporte público las diferencias se mantienen.

Esto no quita que miremos con atención a las franjas más rezagadas de la sociedad en materia de consumo, que se inscriben dentro de los objetivos de inclusión social puestos en marcha por el gobierno nacional. Es cierto, se percibe la disputa sectorial, de intereses, de urgencias de acumulación, de tácticas especulativas, etc., que mirado sin prejuicios, podemos situar como contradicciones de orden interno.

Es parte de los asuntos a resolver, como el de las empresas formadoras de precios en el rubro alimenticio; del cemento; de la siderurgia; de los combustibles; del papel de diarios, etc. Los productos e insumos de estas empresas, muchas veces monopolios, están vinculados al consumo de los sectores más pobres: alimentación y construcción. De más está decir que la fuga de precios pone en jaque los acuerdos tripartitos entre el Estado, los empresarios y los trabajadores.

Es por ello que hablamos de pacto social pero con mayúsculas, no para limitar justos reclamos de los trabajadores, sino para encauzar el esfuerzo nacional. En este sentido el papel del Estado es determinante en la consolidación de un modelo nacional y popular: debe necesariamente ser el garante.

Consideramos que el modelo vigente está sujeto a consolidaciones y transformaciones permanentes. Paso a paso como se ha visto en la recuperación de Aerolíneas o la nacionalización de las jubilaciones privatizadas en los ´90. Y, sin ignorar que nos encontramos en un mundo distinto, se impone con buena memoria, recordar las políticas estratégicas del período 1946-55. En materia de Comercio Exterior e Interior, de la regulación a través del tipo de cambio del sistema financiero, de transporte, tributario; sin tenerle miedo a la palabra planificación.

Estas consideraciones van en línea con la producción nacional, con el valor agregado en la producción, con el acceso a nuevos mercados y sobre todo con la generación de empleo genuino. El pueblo en general y la CGT-Moyano en particular, se identificaron con el modelo y aspira a profundizar, para consolidarlo. Entendemos que al lado de los logros macro económicos de fuerte impacto social, quedan remanentes del modelo neoliberal que urge poner en discusión, porque sin dudar sobre del resultado de las elecciones presidenciales de 2011, debemos encarar decididamente una etapa de consolidación, de mejor calidad institucional y funcionamiento del Estado, y de desarrollo de una construcción política acorde con el único peronismo posible y reconocible como tal, el que garantiza en el Gobierno grados crecientes de justicia social y soberanía nacional. El que promueve la Patria Grande.

Para ello se impone discutir nuestras propuestas, y ponernos “a punto”, superando el tacticismo coyuntural al que nos quieren restringir aquellos que piensan que los nombres de dirigentes circunstanciales son más importantes que nuestras organizaciones sindicales

De qué se trata:

Principalmente de comenzar a discutir y analizar los pasos necesarios para alcanzar una mayor integración social y económica. Para integrar los segmentos de la denominada “economía en negro”, o “en gris”, y superar la violencia del trabajo informal, de las tercerizaciones, del trabajo esclavo, donde convive la necesidad con el delito que la utiliza, generando grados crecientes de inseguridad.

Políticas puntuales y concretas, consensuadas y sin tremendismos o improvisaciones, para incorporar a los jóvenes al mercado de trabajo formal. La franja de 18 a 25 años, ronda en el desempleo a nivel mundial según la OIT, el 46%. Millones de jóvenes no consiguen su primer empleo, de los cuales una parte pulula en las orillas y rincones de las principales ciudades de nuestro país.

No se mal interprete. El programa “Argentina Trabaja” impulsado desde 2009 tiene el ambicioso horizonte de incorporar más de un millón de desocupados de todas las edades en los próximos años. La experiencia ha sido enriquecedora, más allá de algunas dificultades y el factor humano. El trabajo dignifica y para muchos compañeros y compañeras resultó un salto al reconocimiento social. Pero el programa tiene un “talón de Aquiles”. ¿Qué hacer por un/una joven cooperativista que presta servicios de mantenimiento y limpieza urbano al cabo de dos o tres años? ¿Qué futuro cercano les espera a estos jóvenes compatriotas si no son absorbidos por otro tipo de trabajo f-o-r-m-a-l, con la capacitación adecuada que les abra las puertas del mercado laboral, estatal y privado? La inclusión de los jóvenes con empleo digno se torna en un desafío para el gobierno nacional y los provinciales, para el sector empresario, para los trabajadores sindicalizados o de las organizaciones sociales.
Condicionada por la crisis mundial de 2007-2009 la economía argentina volvió a crecer intensamente en 2010, no obstante el crecimiento no se tradujo como ocurría anteriormente con la creación de nuevos empleos, según un informe del “Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino” según público el BAE del 2 de febrero de 2011. El informe señala que el año pasado las inversiones llegaron casi al 20%, lo cual tampoco repercutió favorablemente en la cantidad de puestos de trabajo.

En la industria, la desvinculación entre producto y empleo parece ser mayor. En los servicios, el producto crece considerablemente más rápido que el empleo. El Estado es su principal (y casi único) motor. Entre las causas del fenómeno se cita: la primarización de la estructura productiva en general y de sus sectores industriales más competitivos. No en vano la compañera presidenta Cristina Kirchner reclama y promueve “la producción diversificada y la creación y aumento de la cadena de valor”.

El crecimiento, las inversiones, la industria y los servicios no están disociados del mundo del trabajo, y están relacionados a algunas situaciones señaladas más arriba, como el trabajo esclavo, la tercerización y los jóvenes desocupados. Confundir crecimiento con una temporal bonanza económica puede llevarnos a la situación de España.

Hacia mediados del quinquenio 2000/05, España aspiraba a situarse entre los diez países del mundo con mayor crecimiento. La crisis de la burbuja inmobiliaria, de las hipotecas incobrables, de los miles de desahuciados nativos o extranjeros, culminó con el rebote de la crisis mundial de 2008, reduciendo a la industria del turismo a su mínima expresión.
Hoy, en algunos sectores de España, la desocupación trepa al 25% (y las actitudes xenófobas al 95%). De ahí que destaquemos la importancia de asociar los tiempos limitados de crecimiento, (entre las crisis recurrentes de la actual etapa capitalista), al desarrollo armónico y abarcador de las necesidades de los argentinos.

Las herramientas imprescindibles para ello son un estado más fuerte, más eficaz y eficiente, y concretar las postergadas reformas tributaria y financiera. Con estas premisas, nos planteamos las siguientes preguntas:

¿Consideramos que la defensa y profundización del modelo requiere de estrechar filas entre las “ramas política, sindical y de los movimientos sociales afines al proyecto en curso”? ¿Cómo abordamos los vínculos con la juventud?

Es notoria la irrupción de los jóvenes en el campo político-sindical y podemos decir que ellos expresan una capacidad crítica necesaria para la transformación de las instituciones. Estas tienen dos alternativas ante el fenómeno: o crecen incorporándose o se quiebran por la fuerza de ellos.
Los jóvenes siguen lo “auténtico”, a quienes dan testimonio de militancia. Captan como nadie la relación entre lo que decimos y lo que hacemos. Por eso para algunas franjas juveniles se plantean si el Kirchnerismo es distinto del peronismo y otros afirman que el Kirchnerismo es lo más parecido al verdadero peronismo desde la muerte del General.
Ambas posiciones en apariencia contrarias derivan en verdaderas.

También hay que evaluar sin especulaciones este asunto: ¿Consideramos oportuno que los hombres de este espacio (CNSP) sean promovidos a integrar las listas del Frente para la Victoria a ocupar cargos institucionales, ejecutivos, parlamentarios? ¿O va en desmedro de la fortaleza y desarrollo estratégico de la central obrera y de sus organizaciones? Está claro que nuestras posturas públicas deben ser inequívocas, claras, distintas y superadoras de otros espacios y referentes políticos que conllevan en su seno y en el pasado reciente, prácticas liberales y económicas en línea con las corporaciones y los organismos internacionales, como ocurre con los personeros de la gestión Menem-Duhalde.

¿Deberemos advertir a propios y extraños, que los trabajadores nucleados en esta central obrera somos materia dispuesta a acrecentar los derechos de la clase trabajadora argentina y no al contrario? ¿Es necesario persistir en que tenemos memoria, que sabemos de donde venimos y que no dudamos de nuestra identidad peronista? ¿Cuáles son temas prioritarios en las agendas de gestión? La aplicación de políticas consensuadas que tiendan a la reducción y eliminación de la informalidad y el trabajo “en negro”. La incorporación al mercado laboral de los jóvenes que hoy son parte de un problema candente en el gran Buenos Aires y la periferia de las grandes ciudades

Es para ello imprescindible una reforma tributaria no regresiva que contemple tanto la realidad de los pequeños emprendedores o empresarios y los trabajadores Una reforma financiera que garantice el crédito imprescindible para fomentar la inversión. La proximidad de las elecciones en 2011 y el cambio de paradigma desde 2003, demanda expresar con claridad los intereses mediatos y estratégicos de los trabajadores y el pueblo argentino.

¿Será la hora de presentar “otros 26 puntos” acorde a la etapa?

La CGT-Moyano se convirtió desde el 2003 en un aliado capaz de protagonizar la defensa del modelo económico-social. Baste recordar el rechazo al ALCA; la movilización del 1º de Mayo, el alineamiento en torno a la Resolución 125; la defensa sin medias tintas a la política oficial en materia de trabajo, empleo y capacitación; el apoyo a la Ley de Medios; el fortalecimiento de los instrumentos tripartitos de negociación colectiva; la solidaridad expresada en distintos conflictos gremiales; etc.

En el seno de la CGT-Moyano se adecuaron prácticas al andar de los nuevos tiempos, con memoria e identidad peronista en torno a los Derechos Humanos; a una mirada revisionista de la historia nacional; a un análisis crítico de la situación nacional, regional e internacional.

En el devenir del tiempo se establecieron vasos comunicantes con los Movimientos Sociales, expresión orgánica de los trabajadores que fueron víctimas de las políticas neoliberales de los ´80 y ´90. Y de ello surgieron señales inequívocas hacia donde queremos ir en materia de Política y lo manifestamos en el acto de Ferro y el 26 de Julio junto al Movimiento Evita.

En este marco de concepción nace la “Corriente Nacional del Sindicalismo Peronista” expresado en el documento fundacional. Hoy la proximidad de las elecciones presidenciales de 2011 requiere de un nuevo esfuerzo de análisis compartido, esta vez para delimitar los alcances que por derecho les corresponde a los trabajadores de este espacio en función de la política partidaria, en el seno del Frente para la Victoria.