3° ANÁLISIS DE COYUNTURA

27 junio, 2012 at 0:54

Como dijimos en la primera edición, debido a la cantidad de información y la intensidad con que ésta se renueva, como así también a la confusión que muchas veces intentan instalar los medios de comunicación en general, que en ningún caso ya sean oficialistas u opositores reflejan lo que expresamos, hemos decidido realizar un Análisis de Coyuntura para esclarecer nuestra posición sobre cada uno de los grandes temas nacionales y darla a conocer.

Esta es una herramienta de militancia para la reflexión y el debate, donde a partir de la información objetiva interpretamos la realidad desde nuestra mirada para de esta forma contribuir en la formación de cada uno de los compañeros. ¡Difundilo!

En esta tercera edición los temas que elegimos tratar para profundizar el debate son los siguientes:

– Movilización de la CGT a Plaza de Mayo: criminalización de la protesta social y judicialización de los reclamos gremiales

– La estructura económica nacional y la “fiebre del dólar”

– Interna CGT: ¿La unidad bajo qué bandera?

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3º Análisis de Coyuntura
26 de junio de 2012

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Movilización de la CGT a Plaza de Mayo: criminalización de la protesta social y judicialización de los reclamos gremiales

La creciente tensión que existe al interior del Movimiento Nacional nos obliga a diferenciar responsabilidades. No es la misma responsabilidad la que compete al Poder Ejecutivo que la de una organización gremial o aún la de una Confederación. Hay que ser precisos: los reclamos de la CGT han sido ignorados en forma sistemática por el Gobierno Nacional desde hace más de un año. Siquiera una respuesta negativa o un esquema progresivo que contemple medidas destinadas a paliar los principales puntos de conflicto.

Así es como se arriba a la negociación de la paritaria del Sindicato de Camioneros, en donde se anuncian medidas sorpresivas por ramas. El derecho a huelga contemplado en la Constitución Nacional ha sido utilizado por muchos sindicatos en estas paritarias. Frente a esto el Vicepresidente de la Nación amenaza con aplicar la Ley de Abastecimiento, cuyo objeto no es impedir medidas de fuerza gremiales, sino combatir el agio y la especulación empresaria. No hay conflicto social que se pueda resolver con el Código Penal en la mano. Debemos entender a las medidas de fuerzas como efectos y no como causas. Si la intervención del Estado en la puja distributiva, que se traduce en paritarias en un marco de fuerte inflación y de caída del índice de crecimiento, es sólo informar a las organizaciones gremiales cómo deben comportarse y judicializar ante el primer desacuerdo, entonces: ¿Qué lugar le queda a las organizaciones de trabajadores? ¿Dónde quedan las Confederaciones y el resto de las Instituciones? ¿Cuál es el espacio para la Política?

La agenda de la CGT, que por supuesto es política, no impone sino que pretende ayudar a comprender el proceso político del cual nos sentimos parte. Si ante cada planteo, errado o no, se responde con el 55% de los votos, se achica el margen democrático negando la representatividad de cualquier Institución. El Movimiento Obrero tiene convicciones y una historia que lo obliga a decir lo que piensa. No solo en las paritarias, la administración de los fondos de las Obras Sociales que retiene la APE, los topes de las Asignaciones Familiares y el MNI; sino también sobre la forma de combatir la tercerización laboral que oculta informalidad; sobre el 70% de jubilados que ganan menos de 1700 pesos mientras que los sectores patronales siguen aportando al ANSES con todas las quitas que les otorgó el menemismo y la Alianza UCR-Frepaso; sobre los niveles extraordinarios de rentabilidad que mantienen las entidades financieras cuando se pide mesura a las paritarias y sobre muchas otras cuestiones porque consideramos que el debate es regla en la Democracia y en una Comunidad Organizada.

Los trabajadores organizados que hemos sido partícipes del modelo de Estado, Producción y Trabajo, hoy nos encontramos relegados en un segundo plano, justo cuando más certidumbres nos hacen falta. El Poder Ejecutivo no puede ignorar los reclamos legítimos del Movimiento Obrero Organizado y pretender que este no reaccione. La Institucionalidad no es patrimonio exclusivo de la investidura presidencial.

Asimismo, debido a las deliberadas acusaciones de “golpistas” esgrimidas por funcionarios del gobierno nacional en los últimos días, como así también a la inmensa cantidad de artículos periodísticos que han sido publicados y que llegan al ridículo de vincular las tensiones que existen en el Movimiento Nacional con el golpe de estado sufrido por el presidente Lugo y el hermano pueblo del Paraguay, nos vemos en la obligación de responder esas imputaciones que duelen y ofenden a su historia.

Los argentinos no deben dejarse confundir por las adhesiones mediáticas de quienes jamás se han preocupado por los derechos de los trabajadores. Son reacciones oportunistas y desesperadas de sectores que no son una opción política real en nuestro país. En esto hay que ser categóricos: de ningún modo las intenciones de estos sectores marginales representan el espíritu de la masiva movilización convocada para el próximo miércoles en Plaza de Mayo, ni la agenda, ni los reclamos quela CGT viene planteando desde hace más de un año y que no han obtenido ningún tipo de respuesta.

La fuerza social que se movilizará es obrera y como tal adhiere al proyecto nacional en la medida en que el mismo no se aleje del camino recorrido a partir del 2003. Los trabajadores jamás seremos ariete, ni mascarón de proa, ni fuerza de choque de aquellos a los que poco les importan las negociaciones colectivas, el pleno empleo, los derechos humanos y la distribución justa de la riqueza.

Quienes usufructúan esta división en el seno del Movimiento Nacional son adversarios tanto de la CGT como del Gobierno. Sectores que nada tienen que ver con el Proyecto Nacional y se han opuesto al avance de las mayorías populares en la última década. Avances y conquistas en lo que también la CGT ha sido artífice.

Podemos aceptar que haya sectores que no compartan nuestros reclamos, pero no vamos a permitir que nos llamen desestabilizadores por ejercer un legítimo derecho a reclamar. Este reduccionismo no hace más que negar cualquier diferencia y anular la discusión política, la cual le aporta dinamismo al Movimiento Nacional No vamos a permitir bajo ninguna circunstancia que la protesta social sea criminalizada, que las huelgas sean caratuladas como extorsión a la democracia y que nuestro accionar se asocie al chantaje.

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La estructura económica nacional y la “fiebre del dólar”

El escenario económico de la Argentina en 2012 no es catastrófico, como parecen querer instalar algunos economistas, periodistas y medios de comunicación, deseosos de que la crisis global golpee con toda su fuerza en nuestro país para generar las condiciones para el cambio de rumbo. Sin embargo, también es necesario señalar, que este año no se va a crecer al mismo ritmo en que se lo venía haciendo y que existen problemas que impactan sobre el bolsillo de los trabajadores.

La Unión Europea está estancada con un 0% de crecimiento en el último trimestre. Estados Unidos no puede salir con fuerza de la recesión y sube el 2,2% con perspectivas poco alentadoras. El desempleo se mantiene en niveles elevadísimos ya que el gran capital aumenta su productividad para fortalecerse en la guerra económica produciendo más o lo mismo que antes con menos trabajadores. Incluso, a los ocupados que quedan les rebajan los sueldos, lo que aumenta la transferencia de riqueza de los trabajadores al gran capital concentrado, deprimiendo el consumo popular. Sube la tasa de explotación en todo el mundo “desarrollado”, y por ello el plan de ajuste europeo, que Argentina lo vivió en carne propia en la etapa previa al 2003.

En base a ello, y a algunas cuestiones internas, se observa una desaceleración que significará una tasa de crecimiento estimada de entre el 3% y 4% anual, con lo cual el segundo semestre estaremos creciendo a sólo el 2%, cuando el promedio de los últimos 8 años fue del 8%.

Las cuentas nacionales

Para analizar la fiebre del dólar es preciso tener presente varios componentes:

– Fuga de dólares: El año pasado la fuga fue aproximadamente de 21.504 millones de dólares. Este es el componente central a tener en cuenta en el análisis. El sistema es excesivamente abierto. En materia financiera, se diría que la Argentina es lo mismo que era en materia comercial durante el menemismo, época de ingreso ilimitado de productos importados.

– Extranjerización de la economía: De las 500 empresas que más facturan en el país, 324 son extranjeras. En 1993, ya avanzado el plan de concentración y extranjerización de nuestra estructura productiva iniciado en 1976, las empresas extranjeras sumaban 219 entre las primeras 500 (INDEC). En el 2003, éstas eran 340, por lo que se ve una leve modificación de la tendencia, pero sin cambio sustancial en la estructura económica y sus actores dominantes. Mientras que entre 1993 y el 2001 la facturación de las empresas trasnacionales representó 41% de las ventas totales de la élite empresarial, este porcentaje alcanzó un 60% entre el 2003 y el 2009.

Esta estructura económica dependiente es la que permite la salida de utilidades, que durante 2010 fue de 7.159 millones de dólares y en el 2011 se ubicó en 7.330 millones de dólares según el INDEC. Las empresas extranjeras profundizan el envío de fondos hacia sus casas matrices para recomponer sus recursos financieros en medio del vendaval, agravando la salida de dólares de nuestro país, que no es otra cosa que riqueza producida por nuestros trabajadores. La contradicción para el proyecto nacional es pretender que justamente estas empresas prioricen la inversión y una mayor productividad, en lugar de su rentabilidad, sin que sean exigidas por el Estado.

– Balanza comercial, balanza de pagos y situación fiscal: Como a lo largo de todos estos años, la balanza comercial (el resultado que queda si restamos lo que gastamos importando y aquellos que obtenemos como producto de nuestras exportaciones) continúa siendo positiva y constituye la principal fuente de divisas (dólares) de la Argentina. Durante 2011 dicho saldo fue de 13.540 millones de dólares, apenas inferior al de 2010 (14.266) producto del creciente aumento de las importaciones. Pero si se tiene en cuenta el conjunto de rubros de la balanza de pagos, que computan lo que entra y sale de la Argentina incluyendo los vencimientos de la deuda externa, el superávit fue de apenas 17 millones. Es decir, quedamos hechos.

La recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores, al tiempo que favorece el mercado interno, también produce para las empresas un encarecimiento de los costos en términos internacionales. La devaluación que llevó adelante Duhalde, significó una enorme pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. Los salarios se licuaron como nunca en nuestra historia que poco a poco a través de las paritarias y de la lucha hemos ido recuperando. En el 2003 con un dólar a 3 pesos, el salario Mínimo, Vital y Móvil era de 200 pesos, que equivalían a 67 dólares. Hoy este se encuentra en 2300 pesos que con un tipo de cambio de 4.5, equivale a 511 dólares. Esta recuperación que robustece nuestra economía mediante el consumo, también encarece nuestras exportaciones. Fabricar una mesa para exportarla, ya no es tan competitivo como lo era en el 2003, de la misma forma que hoy muchos productos importados se encuentran más al alcance del bolsillo de los trabajadores. Vale aclarar igualmente que el tipo de cambio real multilateral si bien ha desmejorado sigue siendo favorable para la Argentina.

El crecimiento de las importaciones se acelera con nuestro crecimiento económico e industrial. Al tener una estructura productiva dependiente, la Argentina necesita importar grandes cantidades de maquinarias y equipos, bienes intermedios y distintos insumos cuando su industria crece. En la convertibilidad exportábamos gas muy barato porque no lo necesitábamos. Hoy importamos combustible, con la correspondiente fuga de dólares. Otro ejemplo es la industria automotriz. Las multinacionales producen la mayoría de los repuestos en Brasil y ensamblan en la Argentina. Pero estas decisiones empresariales están en base a su interés de lucro y no al desarrollo nacional.

En este sentido, en el rubro manufacturas de origen industrial en 2011 tuvo un déficit de 30.000 millones de dólares producto de las crecientes importaciones, a pesar del crecimiento que durante estos años se tuvo en las exportaciones industriales (hoy un tercio de las exportaciones argentinas).

Por lo tanto, las divisas generadas producto de la renta extraordinaria de la tierra, más importantes aun por los impresionantes precios internacionales de los productos del agro, tienen un límite a la hora de equilibrar las cuentas de nuestro país y proveernos de dólares para el desarrollo industrial. Se vuelven imprescindibles políticas que profundicen y modifiquen rotundamente la estructura productiva argentina.

En este marco, durante los últimos meses se desplegaron políticas de bloqueo a las importaciones para frenar las compras al exterior y mejorar el superávit comercial. Ello fuerza la sustitución de importaciones, lo cual es positivo, aunque puede traer graves problemas de faltante de insumos para la producción. Una prueba de la improvisación de esta medida, es la que se reflejó en la medida de fuerza llevada adelante por los compañeros del SUPA (Sindicato Único de Portuarios Argentinos), que se encontraban sin trabajar y con suspensiones, a pesar de la mercadería que ya estaba descargada. Si bien el conflicto fue resuelto después de que el Secretario de Comercio intervenga, también es cierto que requirió de la medida de fuerza para que los reclamos de los trabajadores sean escuchados.

Ahora bien, a este cálculo de las cuentas con el exterior, debemos agregar los recursos que entran y salen del Estado. En abril de 2012, el superávit fiscal primario (es decir, sin contemplar los pagos por intereses de deuda) fue de 1.061 millones de pesos, un 46% menos que en igual mes de 2011. Si se descuentan los pagos de la deuda pública, se pasa a tener un déficit de 1.863 millones. En términos generales, seguimos teniendo superávit primario (el Estado recauda más de lo que gasta) pero por el pago de la deuda pública las cuentas pasan a ser levemente negativas. Es importante aclarar que, si no se contaran las transferencias de recursos que hacen el Banco Central, la ANSES y el PAMI al Tesoro Nacional, el déficit sería bastante mayor.

En conclusión, los números no son lo que eran, aunque tampoco estamos en una situación límite o pre-catastrófica que explique per se el movimiento del dólar.

La “fiebre del dólar”

La locura desatada en torno al dólar no se justifica necesariamente por los números de la balanza comercial y la situación fiscal mencionados anteriormente. Tampoco puede justificarse en que el dólar está barato, ya que si bien el peso se revaluó con respecto a años anteriores y ello puede hacer presión, una cosa no implica necesariamente la otra. En una situación similar en Brasil, esto no produjo ninguna corrida hacia el dólar. Las razones por las que el dólar genera en la Argentina tanto impacto, son mucho más profundas.

En realidad, el factor determinante es la fuga de capitales y la extranjerización de la economía. El número que mencionábamos al principio, de los 21.504 millones de dólares fugados, es bastante representativo en este sentido. En este escenario, y con el debilitamiento de las cuentas públicas, lo que ponen en juego algunos grandes especuladores es la moneda nacional. Ellos son los que pueden fugar en esa cantidad y organizar corridas cambiarias y financieras, en función del lucro.

La moneda es un instrumento central de poder. La Argentina es uno de los países con mayor cantidad de dólares por habitante y esto implica la máxima responsabilidad respecto de las políticas económicas que pongan en juego la moneda nacional en relación con la divisa estadounidense. Justamente porque sabemos de dónde venimos es que no nos podemos permitir que esta sea una herramienta puesta en función de intereses foráneos. En este punto no podemos dejar de criticar algunas actitudes del Gobierno que sólo generan incertidumbre, pero para esto es necesario aclarar que nuestra situación fiscal es sólida. El problema de la “pesificación” no puede ser tratado únicamente como una cuestión discursiva. En un país en donde las propiedades cotizan en dólares y la necesidad de vivienda se extiende a una porción muy grande de la población, reducir el problema del dólar a una cuestión discursiva, es menospreciar a nuestro pueblo. Entre el golpe de mercado hiperinflacionario de 1989 llevado adelante por los “acreedores extranjeros” (del capital financiero transnacional) y la crisis de 2001, con el llamado corralito, por el cual los grandes bancos se quedaron con el dinero de los ahorristas, el terror a la pérdida de los ahorros y a las devaluaciones bruscas de la moneda está presente en muchos sectores asalariados. Eso hace más proclive la entrada en pánico y la adhesión de los minoristas a la corrida. Muchos son los trabajadores que intentan ahorrar en dólares porque sueñan con la casa propia. Muchos son los que perdieron su vivienda en el 2001. En las últimas semanas en muchos ámbitos militantes se ha hablado de “pensar en pesos” como si la fuga de capitales se solucionara por un mecanismo psicológico.

Detrás de ese miedo a la pérdida de poder adquisitivo se encuentran condiciones reales que desde la Juventud Sindical queremos poner en debate. En noviembre del año pasado la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, dijo en una reunión de Carta Abierta que sólo el 7% de los pesos que van al dólar, son de compras inferiores a los 1000. Mientras que el 43% de las ventas de dólares se hacen por cifras superiores a los 100 mil. A pesar de esto, algunos compañeros dicen barbaridades como que con el cobro de aguinaldo aumenta significativamente las compras de dólares. Otros opinan que el cepo puesto en las ventillas de los bancos puede generar un “cambio cultural”, cuando en verdad funciona como caldo de cultivo para el discurso que generan las multinacionales para fugar sus dólares al exterior. No puede ponerse en la misma bolsa a un trabajador que intenta preservar la capacidad de ahorro de su aguinaldo para acceder a la vivienda, que una corporación financiera que no se dirige nunca a la ventanilla de un banco. Ese tipo de políticas generan una imprevisibilidad que sólo puede perjudicar el peso. No podemos poner como responsables a los trabajadores que pueden ahorrar 300 dólares por mes. Sin duda no es ahí donde se encuentra el enemigo. Primero deberíamos ocuparnos de garantizarle a ese trabajador una vivienda digna y recién después pedir que no se ahorre en dólares. Porque por otro lado, si mañana por ley pretendemos pesificar el mercado inmobiliario, automáticamente aparecería un mercado negro, en donde sólo irían a parar los pequeños ahorristas y no los especuladores, como ha sucedido con el denominado dólar blue.

El problema es si para la pesificación de la economía tenemos un plan propio o actuamos solamente como respuesta a las corridas financieras producidas por los grandes jugadores (que no por casualidad se desataron en octubre del año pasado), cerrando el mercado cambiario y provocando de hecho un desdoblamiento del tipo de cambio (tipo de cambio oficial, tipo de cambio ilegal o blue, o dólar para la fuga). No es un problema la respuesta en sí misma, que de hecho es lo que hubo que hacer para parar la corrida. Pero la clave es tener un plan con previsibilidad que dé certezas a los argentinos en desmedro de los especuladores. En este contexto, pesificar la economía se convierte en una demanda central.

Inflación

Los aumentos de precios en la Argentina bajo los gobiernos populares tienen un fuerte componente de puja distributiva. Es decir, a medida que los trabajadores mejoran su poder de compra y aumentan su participación en el ingreso nacional, los empresarios, especialmente el gran capital monopólico que tiene los mercados cartelizados, responde con aumento de precios. Hace poco tiempo la yerba mate aumentó de manera desproporcionada y sólo bajó frente a la intervención del Gobierno. Esto demuestra que el camino hacia la solución de la inflación es la desconcentración de la producción, y el aumento de inversión, lo cual se garantiza con la participación de los trabajadores, políticas de Estado y recuperación de las industrias estratégicas.

Las rentabilidades extraordinarias por parte de la cúpula empresarial durante todos estos años y la falta de inversión, en empresas como YPF, demuestran que no podemos esperar demasiado de ese sector de la sociedad, si la propuesta es un plan a largo plazo. Sus intereses son cortoplacistas, por eso la dificultad para confiar en las expectativas que ellos ponen en las paritarias. Intentar apaciguar dicha puja distributiva poniéndoles un techo, significa una pérdida real del poder adquisitivo del trabajador y, por lo tanto, un aumento de su rentabilidad. Además, esa pérdida del poder adquisitivo real de los trabajadores impacta negativamente sobre la actividad económica.

Por más que se crezca menos y se enfríe un poco la economía, la inflación por puja distributiva no va a desaparecer, pero lo que desvirtúa esto es el grado de concentración y oligopolización de la producción. El gran capital intentará a hacer retroceder el porcentaje de riqueza que va al bolsillo de los trabajadores aumentando los precios por más que se achique el consumo. Esto ya lo hicieron históricamente, como en los años ’80.

Por otra parte, como señala un reciente estudio del CIFRA, mientras el salario nominal se incrementó un 96,6% y el índice de precios al consumidor creció un 75,9%, el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias tuvo un aumento de sólo 44%. Ello, sumado a la no actualización de los topes a las asignaciones familiares y a que el cierre de la gran mayoría de las paritarias está empatando al índice de inflación o en algunos casos está por abajo, implica un ajuste para los trabajadores. Sin embargo, a pesar de dicha cuestión, los aumentos de precios no se detienen como deberían.

Por ello, en vez de pedir solidaridad a los trabajadores que mejor están con respecto a los que peor están, sin modificar estructuralmente un sistema tributario regresivo heredado de los ’90, la clave es que el capital concentrado que tuvo ganancias extraordinarias durante estos años se “solidarice” con el conjunto del pueblo en un momento de crisis. Dichas ganancias extraordinarias tampoco significan, necesariamente, mayor inversión y mayor producción, como pretenden creer ciertos neo-desarrollistas.

Ese es el contexto en el que los sindicatos deben ir a pelear por la conservación del poder adquisitivo de los trabajadores que representan y por participar en el crecimiento que este año tendrá la economía, sin saber cómo se tocarán los topes del mínimo no imponible, hasta dónde se les seguirán quitando las asignaciones familiares, el Salario Mínimo Vital y Móvil e incluso cuánto será el aumento que perciban el tercio de los trabajadores que se encuentran en negro sin una paritaria ordenada y dispar como la que se viene dando. En 1953 Perón otorgó poder de policía a los sindicatos para supervisar y controlar los aumentos de precios. También esa parecía ser la perspectiva de Néstor Kirchner cuando alentó el proyecto de Ley de Participación de los Trabajadores en las Ganancias Extraordinarias de las Empresas presentado por la CGT, que además de ser una medida distributiva, implica que los trabajadores accedan a la estructura de costos-precios de las empresas. Es oportuno pensar en que de haber sido aprobado hace algunos años, una parte de la fuga de divisas generadas en las ganancias de las empresas hubiese quedado en manos de los trabajadores, en el país, engordando el consumo y a través de este a la inversión.

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Interna CGT: ¿La unidad bajo qué bandera?

La ruptura de la CGT, en realidad en tanto un conjunto de actores que no venía participando de la CGT, y algunos de los cuales incluso habían conformado otra CGT (la Azul y Blanca, de Barrionuevo), fueron impulsados a volver a escena, a ir por la CGT oficial, en virtud del conflicto que la negociación paritaria y los reclamos de la CGT no son tenidos en cuenta por el Gobierno Nacional, que no emite ninguna respuesta. Los gordos son instrumento de un factor exógeno a la clase trabajadora que en una situación de enfriamiento de una economía que venía creciendo a un ritmo de un 8% anual, pretenden condicionar a los sectores de mayor conciencia del Movimiento Obrero Organizado para conducir la paritaria. Acompañar a estos sectores es debilitar al Moyanismo que, como expresión de los trabajadores organizados, ha sabido demostrar en su creciente capacidad de movilización, uno de los caminos a recorrer para poder pelearle el excedente económico a los grupos concentrados del capital. Eso es lo que hay detrás de los distintos apoyos a los sectores denominados gordos, más allá de las explicaciones coyunturales que puedan existir. Humildemente debemos saber apreciar a la fracción del Movimiento Obrero que mejor ha sabido interpretar en las últimas décadas las distintas etapas históricas de nuestro país, no sólo mediante los diagnósticos, sino que incluso con propuestas.

En las editoriales en letras de molde se habla de fractura cual si fuera nueva, ya que a ello se está jugando de hecho, por acción u omisión. Por si fuera poco, la Viceministra de Trabajo de la Nación, Noemí Rial, le genera las condiciones a los Gordos, barrionuevistas y aliados para fracturar la CGT, anunciando públicamente la intervención del Ministerio de Trabajo en caso de formalizarse las denuncias hechas por los Gordos. Es decir, el Gobierno cambia la postura y le genera condiciones para la fractura, en el mismo momento en que este sector estaba completamente debilitado ante el avance por sus cauces estatutarios de la convocatoria al Congreso para la elección de autoridades luego de la reunión del Comité Central Confederal.

El gran problema que se presenta guarda estrecha relación con el diagnóstico anterior. Al debilitarse el Movimiento Obrero Organizado, dividirse, y golpear sobre la fracción más avanzada al interior de la CGT, comprometida históricamente con el proyecto nacional y popular, se debilita el conjunto de los trabajadores en la paritaria y el empresariado aprovecha para avanzar. Pero se juega con fuego porque ello puede descarrilarse, destruyendo el ciclo virtuoso que se daba año a año por el cual los trabajadores avanzaban progresivamente en la distribución de la riqueza.

La profundización

Es sobre la agenda de profundización levantada por los sectores populares y no por el empresariado local, que comenzaron a agudizarse las tensiones. En este sentido es fundamental subrayar que las responsabilidades de los actores en pugna no pueden ser las mismas y es en un marco de imprevisibilidad en donde se agudizan las contradicciones que parecen ocupar un lugar protagónico, cuando en verdad son secundarias. En ese sentido el Movimiento Obrero no es quien debe convocar a la mesa de diálogo a la UIA, sino que su principal preocupación debe ser la de cuidar el poder adquisitivo de los asalariados.

La agenda de la profundización se dibuja con claridad a partir de las tareas que se vuelven imprescindibles resolver para sostener y avanzar con el proyecto nacional.

La corrida del dólar podrá restringirse en el corto plazo pero sólo es posible resolverla estructuralmente re-nacionalizando nuestra economía. A partir de allí, se refuerza la pesificación, en tanto la moneda es una relación de fuerzas que se sostiene en base al poder de quién la emite y le da su valor, pero con la consideración de que poseemos una estructura económica fuertemente dependiente, a pesar del crecimiento sostenido de los últimos años que ha permitido generar mejores condiciones de vida para los argentinos.

En este mismo sentido, la inflación, cuyo fondo es la puja distributiva, sólo podrá resolverse con un movimiento obrero fuerte, aliado a los sectores de la pequeña y mediana producción en contra del capital concentrado, pujando por la desconcentración de la economía para lo cual es necesaria una nueva Ley de Entidades Financieras que restablezca el crédito hipotecario para las mayorías trabajadoras, una reforma impositiva integral que destruya el sistema tributario neoliberal aun vigente y una mayor distribución de la riqueza. El proyecto de Ley de Participación de los Trabajadores en las Ganancias Extraordinarias de las Empresas es una medida central en esta dirección.

Lo mismo puede decirse, aunque no lo hayamos analizado en esta oportunidad, de la cuestión agropecuaria. Con una nueva Junta Nacional de Granos podremos resolver la subordinación económica y política del pequeño productor al gran capital de los agronegocios y los grandes terratenientes.

De esta forma se disiparán las tensiones en el campo del pueblo y seguiremos profundizando el Proyecto Nacional.